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Consejos para educar a tus hijos

 

 

1.     Ponete en sus zapatos

Los niños son niños y actúan como tales, no son pequeños adultos. Cada minuto de su vida es juego y fantasía, descubrimiento y aventura. Ellos no entienden las responsabilidades como las entendemos los adultos y, por tanto, su comportamiento está exento de las motivaciones de los mayores.

Entonces, si un niño tiene un comportamiento que desaprobamos o que consideramos incorrecto, antes de reprender o corregir, intentemos comprender por qué lo hizo, qué sentimientos lo impulsaron a tener esa conducta.

 

2. Reflexionen juntos

De la empatía surge la reflexión. El famoso conteo hasta 10 para respirar y no responder iracundos ante una mala conducta de nuestro hijo, no es más que la pausa necesaria para comprender la situación ante la que estamos.

Esa reflexión no solo es buena para los padres. Invitemos al niño o al adolescente a analizar qué fue lo que ocurrió, por qué ocurrió, que él también se ponga en los zapatos del que se vio afectado por su mala conducta.

 

3.Escuchar y dialogar

Muchas veces se increpa al niño, se le da recomendaciones, se le dice qué es lo que debe hacer; pero no se ha escuchado lo que tiene que decir, no se ha abierto un verdadero diálogo para que cuente sus motivaciones.

Si el niño cuenta que no hizo sus deberes escolares porque ya sabe eso y le aburre esa tarea… ¡Vaya dilema! Pero solo si se ha escuchado su argumento, es posible tener un mejor enfoque sobre cómo orientar esa conducta. Mediante el diálogo y la reflexión conjunta pueden llegar a la mejor conclusión sobre lo que es necesario hacer.

4. Tiempo para compartir

La vida ajetreada de madres y padres que trabajan mínimo 8 horas diarias, las mismas que probablemente el niño pasa en la escuela y en diversidad de actividades extracurriculares, dejan poco tiempo para el compartir en familia.

Educar a tus hijos no es dar una norma y esperar que el niño automáticamente la entienda y la cumpla. Hay que estar presentes conviviendo situaciones, motivos y circunstancias. Hay que dedicarse tiempo para comer juntos, salir de paseo, sentarse a conversar, ver una película juntos y disfrutar de la mutua compañía.

 

5. Dar ejemplo

Por mucho que sermonees a un niño o adolescente, tu ejemplo será mucho más contundente que tus palabras. La mejor demostración de ello lo vemos cuando padres fumadores explican a sus niños y adolescentes que no es bueno fumar y, llegado el momento, tienen que aceptar que tienen hijos fumadores.

Si queremos que nuestros hijos sean empáticos, debemos ser empáticos. Si esperamos que nuestros niños resuelvan sus diferencias dialogando y sin gritos, debemos hacer lo propio. Igualmente, si queremos que sean responsables, debemos actuar en concordancia. El ejemplo de los padres es la guía que tienen los niños para ser y decidir en el presente y en el futuro.

Fuente: mejorconsalud

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